Vida y literatura en Los viernes en Enrico’s

Los viernes en Enrico’s
Don Carpenter (terminada por Jonathan Lethem)
Editorial: Sexto piso
Precio: S/ 77.00

De las novelas que vengo leyendo en estas últimas semanas, una se impone como lectura excluyente que nos descubre a un autor que deberíamos comenzar a seguir. Además, su descubrimiento es también una muestra más de la gran cantera narrativa que sigue siendo la novelística norteamericana, tan generosa y pródiga en autores, tan libre en temas, tan ambiciosa en la que no hay tópico que quede sin abordar. Esa es pues la impresión que nos deja una extraordinaria novela, que no solo nos hace valorarla en sí misma, sino que nos lleva a una revisión de las piedras angulares que sostienen la tradición a la que pertenece.

Esta, y más, es la impresión que me depara la lectura de Los viernes en Enrico´s de Don Carpenter (1931-1995).

¿Quién fue Carpenter?, se preguntará el lector potencial. Carpenter fue un narrador reconocido en los claustros de la academia, del mismo modo por los lectores. Sin embargo, no logró imponer su obra en el imaginario del gran público. Tampoco nos referimos a un autor de poética abstracta, y eso es lo raro. Los temas que signaron su obra estaban llamados a despertar el interés de todo aquel que se precie de ser un lector asiduo u ocasional. Con mayor razón cuando también se dedicó a la escritura de guiones cinematográficos, conociendo como pocos los sinuosos circuitos de Hollywood. En teoría debió gozar de un mayor reconocimiento entre los lectores gringos y por extensión entre los de otras lenguas. No fue así en su momento y es tiempo que Carpenter deje de serlo, porque Los viernes en Enrico´s es una novela que cumple, y con creces, todas las exigencias, llamada a ser una novela para su disfrute total, dirigiéndonos a lo que llamamos experiencia literaria.

La presente novela suda vida y literatura. Ambientada en las décadas del cincuenta y sesenta del siglo pasado, entre San Francisco y Portland, es decir, en un contexto en el que se respiraba revolución y creación por igual. Los protagonistas tienen aspiraciones literarias, quieren ser escritores, y en esta ansía quedan plasmados sus talentos, frustraciones, esfuerzos y envidias, sea de manera individual con Dick Dubonet, Charlie Monel, Jaime Froward y Stan Winger, o en una suerte de atractiva explosión colectiva. Más allá de sus entendibles aspiraciones, Carpenter nos pone en bandeja sus respectivas condiciones humanas, en testimonio de sus contradicciones y coherencias por igual.

Toda novela necesita sal, su toque de sabor, más aún en donde el juego y cruce de egos resulta determinante. Por ello, el autor nos regala una presencia para recordar, perfilada con cariño, llamada a quedar como el tierno y diabólico punto de encuentro/desencuentro de sus letraheridos protagonistas. Nos referimos a Linda McNeill. O Linda, a secas. La musa con pasado, que conoció como pocas a Jack Kerouac y a los demás integrantes de la Beat Generation. Linda no solo es dueña de una extraña belleza, sino también de una sensibilidad que la lleva a detectar el gesto literario en donde los sabelotodos no pueden a causa de su aparente superioridad intelectual, tal y como lo demuestra ayudando al ex presidiario Stan.

Durante su vida Carpenter sufrió muchas enfermedades. Era un hombre delicado de salud, y también depresivo. Luego de una serie de eventos tristes, se suicidó a los 64 años, en 1995, dejando inacababa esta novela. Después de varios años, sus herederos decidieron buscar a un escritor que ordenara y terminara la novela. La búsqueda no fue muy difícil. Durante mucho tiempo Jonathan Lethem estuvo haciendo proselitismo por la obra de Carpenter. Si la obra de este estupendo escritor experimentó un renacimiento valorativo, se lo debemos al autor de La fortaleza de la soledad. Lethem aceptó el reto y es posible percibir en este trabajo el cariño y admiración que sentía por Carpenter. Lethem respeta la sencillez de la prosa de Carpenter, no la violenta, por el contrario, la cuida y la eleva, cuidando el legado, porque esta novela es también el legado de un autor al que solo le intereso escribir y explorar las incoherencias de la condición humana.

Gabriel Ruiz Ortega

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